Juan Hernández fue mecánico de bicicletas y proveedor de alcoholes. A comienzos del 2007 se hizo con una vieja librería de usados en San José de Costa Rica a la que rápidamente supo convertir en lugar de encuentro y debate. Inspirada en la mejor tradición libertaria, hoy administra Germinal, una de las editoriales autogestionadas más sugerentes de Centroamérica y el Caribe. Conversamos con el editor sobre sus proyectos y desafíos. Aunque el panorama parece sombrío, la semilla está echada.
Esta entrevista con el editor costaricense Juan Hernández fue realizada por Jorge J. Locane y Johanna Schwering, se publica en el blog Cuenta centroamérica de Goethe Insitut Mexiko el 8 de octubre 2014. El texto “Si cierro mañana, no pasa nada” primero fue publicado por la revista alba.

 

Juan Hernández (c) Guillermo Barquero

Juan Hernández (c) Guillermo Barquero

alba: Juan, contanos, fundar una editorial en papel en Centroamérica en el siglo XXI pareciera ser un emprendimiento quijotesco. ¿Cómo surge la iniciativa? ¿Cuál es tu balance actual?

Juan Hernández: En algún momento de mi juventud comencé a leer mucho. Nunca vino del lado familiar ni mucho menos de las amistades que tenía entonces. Fue por un tema de resentimiento. Comencé a trabajar desde los catorce años porque mi familia no podía pagarme la educación. A los dieciséis entré en el movimiento punk. Luego comencé a impactarme por grupos musicales como Kortatu y Sin Dios, y entendí que el conocimiento te da cosas que nadie más te puede dar. Hice unas revistas anarquistas y escribí varios libelos sobre temas históricos del anarquismo y contra la izquierda autoritaria. Después, no sé, son tantas historias y vías. Lo cierto es que soy muy bueno para los “malos” negocios. Terminé comprando una librería de segunda mano que era de un señor que se estaba quedando ciego. Ahí realicé mis primeros intentos editoriales con folletos. En ese instante me di cuenta de que no sabía nada de literatura y pasé año y medio leyendo toda la literatura costarricense de 1900 hasta el 2007, y también biografías de músicos, en especial la vida de Wagner, y de Buenaventura Durruti.

Todo esto me sirvió para muchas cosas, como, por ejemplo, para darme cuenta de que la sociedad va hacia un abismo de ignorancia. Ya ni la burguesía es culta. Tengo claro, ahora, que lo mío es de un grupo reducido y sin mucha importancia, pero aun así seguimos. Estamos viendo la posibilidad de abrir un Espacio Germinal: café + libros. Además, como decía Henry Rollins “al menos no estás friendo hamburguesas”.


alba: Germinal no quiere ser –no es– una editorial cualquiera. Una pretensión acompaña siempre su nombre: “editorial independiente”. ¿Cómo definís una editorial independiente?

JH: El nombre de Germinal viene por la novela de Zolá y por un grupo de anarquistas costarricenses que fundaron en 1911 el Centro de Estudios Sociales Germinal. Para mí, una editorial independiente es aquella que tiene una voz política, que puede decir lo que quiere cuando quiere y a quien quiere. Publicar a quien quiere y no a quien el mercado obedece o la competencia sugiere. Y que no sea un sistema de chuparle la sangre al Estado para sobrevivir, o que se quede como una ONG a la espera de proyectos. Sobre todo, ser independiente obedece a un compromiso social más allá del compromiso con el autor, es un compromiso por buscar un cambio estético y crítico.

alba: ¿Qué sería de la literatura latinoamericana sin esta apuesta de Germinal y la “red” conformada por editoriales similares? ¿Hay ahí un trabajo “colectivo” o, al menos, un diálogo?

JH: Creo que no pasa nada. Si mañana cierro y regalo todos los libros, no pasa nada. Mientras Germinal existe, hay gente alrededor y existe una sensación de familia que es realmente lo bonito, pero en términos académicos o de injerencia social no pasa nada. Lo mismo puede decirse de la “red” de editoriales independientes, que en realidad es una red ficticia, no existe ni comunicación ni nada de eso. En un principio creía que podíamos comunicarnos todos, intercambiar autores o, al menos, libros, pero eso no existe. A nadie le interesa. Yo paso revisando semanalmente cerca de treinta sitios web fijos y unos veinte más periféricos, todos relacionados con la producción “independiente” y cada día veo más distantes muchas cosas. En mi depa tengo libros de al menos veinte casas editoriales. Tengo todo el catálogo de Agentes Catalíticos de Puerto Rico, de Argentina tengo todo el catálogo de VOX, algunos de Bajo la Luna y de otras independientes, todos obtenidos en trueque. Curiosamente, tengo solo ocho títulos de editoriales independientes locales, y esto porque los autores me los han regalado.

alba: Hablemos de tu catálogo. Es interesante, por momentos parecería estar guiado por el capricho o por un método de lectura, de intervención crítica, al menos iconoclasta. ¿Cómo le das forma? ¿Cuál es, si es que lo hay, el principio ordenador que lo configura?

JH: Bueno… el catálogo nunca acaba ni en método, ni capricho. La verdad no sé cómo se va dando esto porque aún sigo teniendo dudas sobre la editorial. Leo mucho y reviso y consulto para poder publicar. Me interesa más algo que pueda leer simple, en tranquilidad y que me guste. He recibido varias críticas al respecto, de esos “expertos” o gente que quiere hacer de un catálogo casi una religión o una pastilla de cloro para el excusado. A mí me da igual. Si hay algo que me gusta, lo publico, si se venden dos libros, genial, si se venden mil, genial.

alba: ¿Pero hay un lector ideal de Germinal? O, en términos más concretos, ¿quién lee los libros que editás?

JH: Me encantaría pensar que quienes leen lo que publico es gente a la que no le gusta la literatura y no entiende nada de la misma. Gente que decía que no leía y ahora lee del catálogo. Otra parte de mis lectores son los autores y sus familias, así como amigos cercanos.

alba: ¡No te olvides de nosotros en Alemania! Y si hablamos de literatura centroamericana y caribeña actual, ¿podrías darnos un panorama esquemático? ¿Qué te interesa especialmente?

JH: En la literatura centroamericana actual hay escritores muy buenos. Hubo un cambio muy importante a nivel estético que se dio con la Editorial X, en los años 90 en Guatemala. De ahí en adelante se puede medir otro intento de hacer literatura.
De Guatemala me parece impresionante la calidad literaria que hay: Rodrigo Rey Rosa, Javier Payeras y Francisco Alejandro Méndez son tres narradores excepcionales. De El Salvador, Mauricio Orellana es uno de los secretos mejor guardados. De Puerto Rico, Luis Negrón es lo más alegre que me ha sucedido. Además, están Mayra Santos-Febres y Manolo Núñez Negrón. Los dominicanos Juan Dicent, Frank Báez y Homero Pumarol son impresionantes. De Cuba he leído una cantidad considerable de libros, desde las colecciones publicadas de Casa de las Américas de los premios hasta textos que me traen amigos, claro, siempre avalados por el Estado. Por esas cosas curiosas de la vida conocí a Zulema de la Rúa y, bueno, es mi referente. Acá me salto los canónicos por motivos obvios. De Honduras, puedo decir que es un milagro que siga como país. Panamá cerró casi todas sus buenas librerías. Nicaragua lo que actualmente tiene son jóvenes entusiastas de difundir otras letras, otras estéticas y promover vías de comunicación y tender puentes, ahí están Mario Martz y Enrique Delgadillo. En Centroamérica, luego de las crisis económicas y bélicas, vino la crisis que a nadie le importa: la crisis del conocimiento. Solo para dar un dato del país “más feliz del mundo” y el que estuvo lejos de los conflictos bélicos de los 80, en menos de veinte años se bajó de tirajes de 9000 a tirajes de 250 ejemplares por libro de ficción. Las cifras a lo único que no agreden es a los textos de lectura obligatoria.

alba: Por ahora, en el catálogo de Germinal aparece solo una traducción, una selección de poesías de Robinson Jeffers. ¿Te interesa darle espacio a otras literaturas más allá de las latinoamericanas? ¿Cuáles son las dificultades y/o desafíos que la traducción le impone a un editor como vos?

JH: Sí, esa fue una prueba de fuego. El traductor es realmente meticuloso y serio, llevaba siete años trabajando en una edición definitiva del libro. Me lo presentó, lo hablamos, lo pensé y al final se publicó. Ese proyecto ha sido un logro total, sobre todo, porque en el país circula apenas una decena de obras traducidas y no son de muy buena calidad, así que poner en circulación una colección destinada a la traducción fue un reto. El tema siempre me interesó, sobre todo cuando en mi juventud escuchaba música de Sepultura, Exploited o Sex Pistols y no entendía. Tomaba un diccionario inglés/español y comenzaba una opípara búsqueda de palabras. Y, bueno, parece que esa duda de juventud germinó en abrir la colección de traducción. En estos momentos tenemos listo el texto de Tom Schulz, Canon previo a la huida, en traducción del poeta méxicano Daniel Bencomo, a publicarse durante la primera mitad del 2014. Vienen traducciones de dos franceses y estoy tratando de negociar una brasileña, pero a veces el tema de los derechos es muy complicado y no hay dinero para pagar todo eso. Otro tema de la traducción es que me gusta que sean de escritores y no de simples traductores. Por ejemplo, el colombiano Juan Cárdenas, además de ser un escritor muy bueno (y que quiero publicar), es traductor. Sin duda, una traducción de él me interesaría mucho.

alba: Para cerrar. Vos también sos escritor. ¿Bajo qué rótulo te gustaría ser recordado? ¿Cómo el editor que cambió la manera de pensar la literatura centroamericana y caribeña o junto a los nombres de un Castellanos Moya o un Contreras Castro?

JH: La escritura me interesa demasiado, más de la cuenta. Pero separado totalmente del hecho literario. En algún momento quise ser escritor o lo que eso signifique en el imaginario colectivo. Publiqué folletos, escribía en periódicos y hasta cometí el horror de publicarme un libro de poesía. Este último me sirvió para saber qué se sentía publicar un libro, la importancia, la desnudez que se siente, muchas cosas que al final de cuentas no me aportaron nada. Lo peor que me podría suceder es que pongan mi nombre al lado de un autor que jamás publicaría o leería. Ejemplo: Contreras Castro. Decidí desde hace mucho que publicar no me interesa en absoluto. Tampoco me interesa mucho el tema de cambiar nada. Me hice editor no porque estudié o soñé con eso, simplemente me encontré con algo que podía hacer felices a muchas personas y eso, creo, es el mayor acto revolucionario.


Alba06-alba, leyendo latinoamérica es una revista semestral, en papel, dedicada a la difusión de literatura latinoamericana contemporánea en Alemania, especialmente de aquella que todavía es poco conocida en los espacios germanohablantes. Los textos aparecen tanto en la correspondiente lengua original (habitualmente español, pero también inglés, francés, portugués y las diversas lenguas indígenas del continente) como en una traducción al alemán. alba se concibe no solo como un foro para la literatura, sino también para la traducción literaria y cultural. alba, leyendo latinoamérica se publica desde el 2012.